miércoles, 19 de agosto de 2009

Manifestaciones religiosas ante la erupción volcánica del Huaynaputina en la ciudad de Arequipa (año de 1600)

Un suceso que no debe pasar desapercibido, a pesar de que no fue un terremoto, es la erupción del Volcán Huaynaputina, ocurrida en febrero de 1600. Esta erupción volcánica, es considerada como la más violenta ocurrida en los Andes Centrales desde el siglo XVI hasta nuestros días1.
El Huaynaputina, que significa "volcán joven", también llamado Omate o Chillque Omate, Quinstaquillas o Chequeputina, que significa volcán de mal agüero, se halla situado a 70 km. al sudeste de la ciudad de Arequipa, en el actual departamento de Moquegua.
Esta erupción fue documentada por diversos documentos, conservados hoy en día, en archivos arequipeños y archivos de Europa (España e Italia), es relatada también en las crónicas de Fray Martín de Murúa, Antonio Vázques de Espinoza, Antonio de Calancha, Fray Diego de Ocaña, Guaman Poma de Ayala, Bernardo Torres, Ramos Gavilán; también es relatada por el protohistoriador Ventura Travada y Córdoba2.
La erupción del Huaynaputina, ocurrió el 18 de febrero de 1600, gracias a la crónica de Guamán Poma de Ayala, se pueden observar dos dibujos de la erupción del volcán en Arequipa y Arica; Guamán Poma manifiesta que la erupción fue causado por la ira de Dios; por ello se sacó en procesión a la virgen María, siendo Dios complacido, la erupción culminó; sin embargo dejó destrucción en los campos de cultivo de los valles de Arequipa3.
Los documentos informan que antes del 18 de febrero, Arequipa estaba siendo sacudida por constantes movimientos sísmicos de origen volcánico de regular intensidad. En base a la información que mandó hacer el procurador Alonso de Mendiola el 1 de marzo de 1600 se puede elaborar la siguiente secuencia eruptiva del volcán: el viernes 18 ocurrieron más de 200 movimientos sísmicos; el sábado siguiente ocurrió un fuerte movimiento sísmico, que se asemeja con el terremoto sucedido en 1582, según el testigo Padre Diego Pérez, Prior de San Agustín, la causa del fuerte movimiento sísmico fue la erupción del volcán4. Por la tarde del sábado 19, comenzó a llover cenizas sobre Arequipa, tal como lo ilustra Guamán Poma de Ayala; a la lluvia de cenizas acompaña truenos y relámpagos; en las primera horas del día domingo 20, se apreció por el cielo arequipeño, una gran bola fuego que se perdió por occidente; la ceniza se acumuló en los techos de las viviendas de los vecinos de la ciudad de Arequipa; algunos no resistieron el peso y se cayeron, otros los limpiaron mandando a los indios a cumplir dicha labor. A las dos de la tarde del domingo 20 se oscureció el sol hasta las cinco, esto causó terror en la población arequipeña. Del lunes 21 hasta el viernes 25 de febrero, el suelo de Arequipa no dejó de temblar. El viernes 25 como a las 4 de la tarde se empezó a oscurecer el cielo no llegándose a ver el sol todo el día del sábado 26; se empezó a aclararse el domingo 27 por la mañana. En esta total oscuridad la gente, no podía ver nada, tuvieron que llevar lámparas en la mano para poder caminar. La lluvia de cenizas, afirman los cronistas, y consta en los documentos del cabildo, continuo durante todo el año de 1600 no teniéndose fecha exacta de culminación.
En los dibujos de Guamán Poma de Ayala, sobre la erupción de Huaynaputina, para Arequipa y Arica, se pude apreciar en la plaza mayor una procesión en donde una persona carga una cruz y las demás denotan arrepentimiento siguiéndolas5 . Como ya se tenía un patrón contra los terremotos hacía falta uno contra las erupciones volcánicas; para 1601 se acordó tomar como protector a San Genaro, que en Nápoles (Italia), también fue considerado como protector6.


1053 [1061]
LA CIVDAD DE ARIQVIPA: Rebentó el bolcán y cubrió de zeníza y arena la ciudad y su juridición, comarca; treynta días no se bido el sol ni luna, estrellas. Con la ayuda de Dios y de la uirgen Santa María sesó, aplacó1.
/ Rebentó bolcán. / ciudad /
CIVDAD





1055 [1063]
LA VILLA DE ARICA tanbién fue cubierto de seniza del bolcán toda la cordellera de la mar.
/ uilla /
CIVDAD

http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/1063/en/image/?open=id2648285


Una de las relaciones que nos narra como la población reaccionó, concibió en su mentalidad la erupción del volcán Huanaputina, es la del soldado Pedro de Vivar, cuyo relato es tomado por Vásquez de Espinoza, que la reproduce en su crónica "Compendio y Descripción de las Indias Occidentales”7. Pedro Vivar, nos describe que durante la noche hubo: "grandes truenos y relámpagos, que se alcanzaban los unos y los otros, los truenos roncos, nunca jamás oídos, toda la noche hubo grandes llantos y alaridos de indios, españoles, mujeres y niños pidiendo a Dios misericordia; con semejante tempestad un ermitaño que estaba en el desierto haciendo penitencia, se vino a guarecer a la ciudad el cual en esta terrible tribulación, anduvo desnudo con un devotocristo en la mano, y en la otra una piedra dándose grandes golpes, visitando todas las iglesias y pidiendo a Dios misericordia y que se apiadase de aquella Ciudad, iba tras la mucha gente, que no cabían en las Iglesias, siguiéndole en todo; y era tanta la oscuridad, que no se veían unos a otros, aunque llevaban luces en linternas"8.
Como el domingo 20 durante la tarde el cielo se había oscurecido, Vivar nos relata el papel que cumplieron los religiosos, encontramos que estos detentaban el control del significado del fenómeno, como acotaba Richard E. Boyer9, atribuyendo su origen a la ira de Dios, en el tiempo de obscurecimiento: “... predicó el rector de la Compañía de Jesús, moviendo a contrición y dolor de haber ofendido a Dios, y que aquellas eran señales ciertas del juicio, con semejante plática y presente espectáculo, comenzó toda la gente con grande llanto y gemidos a pedir a Dios misericordia y perdón de sus pecados, en esta ocasión saco un Cristo muy devoto, y animó a los afligidos, diciéndoles que humildes y contritos de corazón, esperasen en su divina misericordia10. Durante los próximos días las procesiones se sucedían una tras otra, como también las prédicas de los sacerdotes de las diversas órdenes religiosas. Las procesiones de los diferentes órdenes religiosas desde nuestro punto de vista, se sucedían no solamente para calmar la ira de Dios, sino también cada imagen de cada santo de una particular orden religiosa, buscaba afianzarse como la preferida por la población, si se hubiera detenido la lluvia de cenizas, ante la procesión de un determinado santo, éste cobraba fama y de paso la agenciaba réditos económicos a la orden a que pertenencia.
Otro caso muy peculiar que refiere Vivar, es la realización de conjuros y exorcismos; recordemos que estos solo se realizaban cuando el fenómeno provenía del diablo, cosa que los religiosos debieron asimilarlo en su mentalidad. Otro punto de vista lo constituye la conducta de los indios; Vivar relata que al momento de la erupción del volcán, los indios se acercaron a un cerro cercano al volcán en erupción, y desde allí, idolatraban y hacían sacrificios al demonio; también nos refiere la continuidad de los sacrificios humanos (capacocha) de carácter apaciguatorio, los cuales se practicaban en situaciones paroxismales11.
Para la mentalidad de los arequipeños el diablo podría también ser el causante de la erupción, al respecto Bernardo Torres muchas décadas después el suceso escribía que el demonio había encontrado la ocasión propicia para su actuación, ya que la población estaba en desórdenes y vicios, además refiere que días antes de la erupción el demonio se había reunido con sus hechiceros y magos, que eran los indios, bajo la figura de una disforme culebra, los indios lo nombraban Pichinique quien se les apareció y les dijo: “... que dentro de pocos días verían una tempestad espantosa jamás hasta entonces vista, que la había de enviar sobre todos los pueblos de aquella comarca, en castigo de su deslealtad por haber dexado su adoración, y recibido el Bautismo y la ley de los Christianos, causa porque huían de ofrecerle sacrificios como antes, que reprehendiessen y amonestasen a los demás que volviesen a sus antiguas ceremonias y ritos, y que supiesen que el castigo que les amenacava, avía de salir del Cerro Guaina Putina, que fuesen todos a él a desenojarle, adorándole y ofreciéndole sacrificios de carneros, aves, chicha, y ropa en la forma que en su gentilidad acostumbrauan12. Las líneas de Bernardo Torres, nos remiten a las concepciones de las erupciones volcánicas en el mundo andino prehispánico, en donde se concebía que la serpiente (Amarú), era una deidad que se movilizaba bajo la tierra y podía salir por manantiales, cráteres volcánicos13, también encontramos referencia a la Capacocha, ritual incaico ofrecido principalmente a cerros, volcanes, nevados, por diversas razones, entre ellas las erupciones.
Entre los indios refiere Murúa, se comentaba que la erupción del Huaynaputina tenía que ser seguida por la del volcán de la ciudad (Misti), que para entonces se llamó Francisco, cosa que no se dio. Ambos Apus se reunieron, para concertar, más no llegando a un acuerdo, erupcionó el Huaynaputina: “Anduvo entre los indios de la comarca una superstición diciendo que se habían juntado a consulta el volcán que reventó y el que está sobre la ciudad de Arequipa y le dijo que reventase le dio por respuesta que no lo haría por ser como era cristiano y llamarse Francisco, y de las palabras y enojos que tuvieron resultó el de Arequipa, darle al otro un encontrón que le hizo reventar14.
Esta erupción fue sentida a muchas leguas de Arequipa, sus cenizas llegaron a lugares muy lejanos, como es el caso de Copacabana. Ramos Gavilán, refiere los milagros de la Virgen de Copacabana, cosa muy usual de escribirse para la época. Las motivaciones obedecían a tratar de afianzar el culto a la imagen entre la población; por el año de 1600: “... se vio aquella tormenta general de la ceniza de Arequipa, rebentando el volcán que no esta distante de aquella ciudad, esparció por muchas partes del Perú, tanta que hasta las ojas de los árboles parecían cenizientas, como se vieron en Lima, y en muchas partes de los llanos, y de la Sierra, llegó a Potosí, con ser grande la distancia y más de ochenta leguas a la mar la vieron los navegantes. Viéndose los de Copacabana oprimidos con una densa obscuridad que mucho tiempo no se vieron, Sol, ni Luna, ni se divisaban los cerros que están vecinos al mismo pueblo, acordaron de sacar la Santa Imagen en procesión que a lo qual se juntaron algunos sacerdotes de la Provincia de Chucuyto, Cepita y Yungugo, y algunos religiosos, Governador, y mucha gente Española, llevando la Santa Imagen en hombros de Sacerdotes, por el cementerio de la Iglesia y llegando a aquella puerta por donde se descubre la laguna, repentinamente se vio una gran luz, y claridad y con ella juntamente la laguna que avía muchos día que no la divisavan, alegres y consulados todos los presentes de ver aquella maravilla empecaron a dar vozes, llamando a la Virgen les favoreciese, llevando adelante aquella merced que avía, empecado a hazer, estuvo aquel día la Santa Imagen descubierta, y desde entonces cada día va aclarándose más del cielo, comunicándoles la luz de que los avía privado la ceniza15.
De acuerdo a la narración de Ramos Gavilán, la imagen adquiere resonancia en la población gracias al milagro, a partir de ello su devoción se incrementa, como también la congregación religiosa que detenta la imagen, incrementará sus réditos económicos. Un caso similar se dio con otra Virgen en Arequipa. Hacia 1780 se pintó un lienzo para la Iglesia de Cayma en donde se retrataba la erupción de 1600. En ella es aprecia a la Virgen de la Candelaria, recibiendo la devoción de la población, en un contexto de total destrucción, en donde iglesias y casas están caídas, las personas afligidas corriendo, arrodillándose, pidiendo misericordia a Dios por intermedio de la Virgen. Mediante esta imagen como se manifiesta Peter Burke, se construye una experiencia religiosa del pasado16, mediante su visualización por los feligreses se trata de buscar una gran devoción a la Virgen, por parte de los religiosos. Se trata de imponer una supremacía por encima de otras imágenes religiosas, como se puede desprender de la lectura del contexto, en donde se manifiesta que la Virgen consoló y amparó a la población arequipeña de los terremotos acaecidos.



Pintura de un milagro de la Virgen de la Candelaria de la iglesia de Cayma, pintado hacia 1780.


A pesar de no haber ocurrido un terremoto, el causante de la erupción volcánica del Huaynaputina, para la mentalidad de los arequipeños, es Dios. Para la población de la Ciudad de Arequipa, la erupción del volcán fue considerado como un castigo divino; en los documentos elaborados por el cabildo, casi siempre se hace mención que Dios originó la erupción por los pecados de la población arequipeña.
Hoy en día, la ciudad de Arequipa, no está ajena a ser nuevamente afectada por una erupción volcánica, recordemos que su volcán tutelar es aún joven, y se espera a futuro que haga erupción. ¿Estamos preparados?

Notas
1 La documentación generada por el Cabildo de la Ciudad de Arequipa sobre la erupción del Huaynaputina, se encuentra en: BARRIGA, Víctor M. Los terremotos en Arequipa 1585-1868. Documentos de los Archivos de Sevilla y Arequipa. La Colmena, S.A., Arequipa. 1951. pp. 55-179. La erupción del volcán Huaynaputina, desde el campo de las mentalidades fue estudiado por Therese Bouysse- Cassagne; en su texto analiza la mentalidad española e India ante la erupción. Vease: BOUYSSE-CASSAGNE, Thérese con la colaboración de Philippe Bouysee. Lluvias y cenizas. Dos pachacuti en la historia. HISBOL, La Paz. 1988. pp. 131-209.
2 TRAVADA y CORDOVA, Ventura. “Reventazón del Volcán Huaynaputina”; en: El suelo de Arequipa Convertidos en Cielo; pp. 14-23. Primer festival del libro arequipeño, Arequipa. 1958.
3 GUAMÁN POMA DE AYALA, Felipe. Nueva Corónica y Buen Gobierno. trascripción, prólogo, notas y cronología de Franklin Pease. Biblioteca Ayacucho, Venezuela. 1980 [1612-13]. pp. 397-402; CAMINO DIEZ CANSECO, Lupe. “Una aproximación a la concepción andina de los desastres, a través de la crónica de Guamán Poma, siglo XVII”; en: Historia y desastres en América Latina. Vol. I. Virginia García Acosta, (coord.) pp. 139-164; LA RED/CIESAS, Tercer Mundo Editores, Bogotá. 1996. pp. 146-148.
4 BARRIGA, Víctor M. Op.cit. pp. 60-77.
5 GUAMÁN POMA DE AYALA, Felipe op.cit. pp. 397-399.
6 BARRIGA, Víctor M. Op.cit. pp. 145-147.
7 VÁSQUEZ DE ESPINOZA, Antonio. Compendio y descripción de las Indias Orientales. Edición de Charles Upsen, Clark. SmithSonian Institution. 1948. pp. 470-474.
8 VÁSQUEZ DE ESPINOZA, Op. Cit. pp. 470-471.
9 BOYER, Richard E. Sobre; Virginia García Acosta y Gerardo Suárez Reynoso, Los sismos en la historia de México. Tomo I, UNAM, CIESAS, FCE, México. 1996. 718p. En: Relaciones, volumen XXV, número 97, pp. 292-299. El Colegio de Michoacán. 2004.
10 Ibidem, p. 471
11 Ibidem p. 473
12 DE TORRES, Bernardo. Crónica Agustina. Volumen I, Trascripción, estudio crítico e índices de Ignacio Pedro Pastor, Lima. 1973 (1657). pp. 94-95
13 BOUYSSE, op.cit. p.195 y ss.
14 MURÚA, Fray Martín de. Historia General del Perú; citado en: RIVERA MARTÍNEZ, Edgardo. Imagen y leyenda de Arequipa. Antología 1540-1990. Fundación M.J Bustamante de la Fuente, Lima. 1996. pp.570-571.
15 RAMOS GAVILÁN, Fray Alonso. Historia del Santuario de Nuestra Señora de Copacabana. Trascripción, nota del Editor e Índices de Ignacio Prado Pastor, Lima. 1988 (1621). pp. 359-360
16 BURKE, Peter. Visto y No visto. El uso de la imagen como documento histórico. Crítica, Barcelona.2001. p. 60.

1 comentario:

Siete dijo...

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