domingo, 8 de febrero de 2009

Toques de campanas por la memoria de los terremotos de 1687 y 1784





Como es sabido, la ocurrencia de movimientos sísmicos en el Perú es frecuente, a consecuencia de estar ubicada en una zona de subducción de placas. Arequipa a lo largo de su devenir histórico, ha soportado innumerables temblores y terremotos. Cual ave fénix, ha sido reconstruida varias veces, atrás quedaron los esfuerzos de su población por continuar viviendo en una zona altamente vulnerable, y pensar que en una ocasión se discutió (luego del terremoto del 22 de enero de 1582) sobre si que trasladaría la ciudad a otro lugar. Es común tratar, luego de sucedido un sismo, sobre las consecuencias en la infraestructura arquitectónica de la ciudad, pero olvidamos las consecuencias mentales que ocasionaron en la población, ya lo advertía en un artículo sobre los terremotos en Andalucía entre los siglos X al XIX el historiador Bernard Vincent, se hace necesario, también, tratar el estudio histórico de los terremotos desde el campo de las mentalidades. En la Arequipa colonial, las consecuencias post sismo, no solo se abocaban a las tareas reconstructivas, si no también, a buscar remedios espirituales ante tal desgracia por las múltiples replicas sísmicas, que con el tiempo se convirtieron en conmemoraciones del terremoto sucedido. En la conmemoración de un terremoto, las manifestaciones religiosas de la población, al mando de clero de la iglesia católica, inundaban las calles de la ciudad, en donde las procesiones formadas detrás de un santo, los sermones, plegarias, etc., se realizaban con profundo fervor, lo cual era acompañado por el sonido de las campanas que emanaban de los campanarios de las iglesias de la ciudad. Dentro de las plegarias generales dictaminadas por la iglesia, respecto al toque de campanas, existía un toque ante los terremotos: “En los terremotos ó temblores de tierra q[ue] vengan con gran aparato ó movimiento q[ue] amenase ruina, se tocaran en las Yglesias p[o]r cinco minutos…”[1] lo más interesante, es el hecho que con el tiempo, se tenia que tañer las campanas en memoria de los terremotos sucedidos varias décadas atrás (los dictámenes eclesiásticos sobre las campanas datan de 1816) como son los sucedidos el 20 de octubre de 1687 y 13 de mayo de 1784: “…y lo mismo [se tocaran campanas] el trece de Mayo, y veinte de octubre en sola la Ciudad á las nueve de la mañana, y al tiempo de la Prosecion q[ue] hace la Yglesia Catedral por la Plaza mayor”. Estos toques se seguirán realizando años después, como se extrae de las nuevas disposiciones refrendadas por Luna Pizarro en El Republicano del 22 de septiembre 1832: “[se tocaran] las acostumbradas en Mayo y Octubre por los temblores de que se hace memoria…”.

[1] AAA, Administrativo. Desde aquí un agradecimiento a Inés Jiménez Portugal por la referencia de este documento.

1 comentario:

Nicanor Dominguez dijo...

Estimado Yony:

Si te interesan los terremotos ocurridos en la epoca colonial, esto puede ser util:

http://laicacota.blogspot.com/2007/12/terremotos-coloniales.html

http://laicacota.blogspot.com/2007/03/huaynaputina-1600.html

Saludos,

Nicanor.