sábado, 17 de enero de 2009

PUEBLOS DE CHIGUATA QUE RENDÍAN CULTO AL VOLCÁN MISTI DURANTE EL PERIODO PREHISPÁNICO*



Hacía 1582, el famoso extirpador de idolatrías Cristóbal de Albornoz escribía un documento titulado: Instrucción para descubrir todas las Guacas del Pirú y sus camayos y haziendas, que a la postre se convertiría en una valiosa fuente para el estudio de la religión andina prehispánica -sobre todo en los aspectos rituales- y también para el conocimiento del movimiento insurreccional indígena del Taki Onqoy.
La instrucción…, tiene un apartado dedicado a las huacas pacariscas, que quería decir criadoras de sus naturalezas y eran de diferentes formas y nombres; podían ser: piedras, fuentes y ríos, cuevas, animales, árboles, nevados y volcanes (Albornoz 1989[1582]:169). Los cerros de nieves y volcanes ubicados en la cordillera occidental, fueron considerados como huacas pacariscas; hacía el horizonte tardío fueron objeto de un culto más magnificente que en anteriores épocas, ya que el Inca doto de muchos ganados (camélidos), objetos suntuarios (ejm. Vasos de oro), mitimas que cultivaban las chacras, cuya producción se destinaba para el culto al volcán. Albornoz considera como huacas pacariscas al Sarasara, Solimana, Coropuna, Ampato, Putina (Misti), y nevados y volcanes de Chile hasta el río Loa (Albornoz 1989[1582]:170-171).
En el caso del volcán Misti, Albornoz escribe: “Ay otra huaca Pacarisca sobre Arequipa que es el volcán de la ciudad que se llama Putina que puso el Ynga muchos mitimas para su servicio como fueron los pueblos de La Chimba de Gómez Hernández y el pueblo de Chiguata y el de Chacacato [Sic para Characato] y otros” (Albornoz 1989 [1582]:170).
La Chimba, Chiguata, Characato y otros, rendían culto al volcán. La Chimba estaba constituido por los Yanahuaras, Chumbivilcas y Chillques, todo estos grupos pertenecían a la parte del Condesuyo; Chiguata y Characato estaban constituidos por mitimas de la provincia de Canas y Canchis del Collasuyo, en cuanto a los “otros”, pudieron ser collas y quiguares también del Collasuyo (Julien 2002; s/f).
Centrándonos en Chiguata, durante el periodo inca debió estar conformado por los pueblos de Tilumbaya, Camata y Copoata, según la cédula de encomienda emitida a Diego Hernández de Mendoza en 1540 (Julien 2002:19). Si tenemos en cuenta que Chiguata estaba destinado a rendir culto al volcán Misti, podemos entender que los pueblos mencionados arriba, debieron cumplir ese propósito. En la actualidad Tilumbaya y Camata permanecen como nombres de poblados, más el poblado de Copoata es desconocido, sin embargo este debió estar ubicado en un lugar que hoy en día se conoce como Pucarillo.
Chiguata es un distrito tradicional arequipeño, ubicado al noreste de Arequipa entre las faldas del volcán Misti y Pichi Pichu, su estructura actual corresponde a la implantación de una reducción toledana durante el siglo XVI. Su producción económica está basada en la agricultura y ganadería. El aprovechamiento de las aguas del río Huasamayo hizo posible la adecuación de las laderas de los cerros para la agricultura, que implica una adecuada edificación de andenes con su sistema de riego.
Tilumbaya en las actualidad esta ubicada a la entrada de Chiguata, no quedan restos que puedan indicarnos la ubicación de la población prehispánica. Camata es un poblado ubicado en una ladera de cerro, constituye un asentamiento achorítico, su población durante los incas y en la actualidad no sobrepasa la decena de unidades familiares, no quedan rastros de la ocupación prehispánica; sin embargo Pucarillo, que debió ser Copoata, alberga rastros de la ocupación prehispánica.
Cruzando una pequeña quebrada en una pequeña planicie de unos 800 metros cuadrados se ubica Pucarillo, dicho topónimo obedece al color rojizo de la tierra; en su superficie se puede observar rastros de arquitectura y cerámica inca. En las construcciones inca, la piedra era labrada de una forma almohadillada, los muros eran edificados en una doble hilera, de tal forma que cada lado poseía un buen acabado; hoy en día en Pucarillo quedan piedras labradas en forma almohadillada, como también las bases en doble hilera de las construcciones inca, a ello se debe agregar construcciones en la ladera oriental de estructuras circulares, cuyos fines posiblemente servían de depósitos; aún quedan restos hoyos en la tierra, cuyo interior esta revestido con hileras de piedra, su diámetro no sobre pasa el metro, por lo que podemos deducir que no debieron ser lugares de enterramiento, si los comparamos con los hoyos (cista subterránea) ubicados en el cerro Huactalacta (Pocsi) o en Churajón, cuyo diámetro es mayor, en donde sí se enterraba a los muertos; así que los hoyos en Pucarillo debieron ser lugares de pago a la tierra. La construcción de una vivienda que data de 1928, en su aprovechamiento de las piedras labradas inca, nos ha privado apreciar lo que quedaba de las construcciones que allí se encontraban. Sin embargo nos queda como compensación los restos de cerámica que se encuentra en toda la superficie de Pucarillo. Esta cerámica corresponde al estilo Inca, por la finura de su acabado; en Chiguata no existe lugar alguno en donde se ubique tal concentración de cerámica, y si a ello le agregamos los restos de construcción que quedan, nos hace ver a Pucarillo como un sitio Inca muy importante, posiblemente un centro ceremonial dedicado al culto del volcán.
La finalidad de Pucarillo, debió estar orientada al culto del volcán Misti (Putina para entonces), ya que desde el lugar se puede apreciar al volcán de una manera imponente; siendo el Misti un volcán joven y activo, que en cada cierto tiempo debió emitir de su cráter fumarolas debió sobrecoger los ánimos de los habitantes por lo que fue objeto de culto por parte de los pueblos de Chiguata; en Pucarillo los sacerdotes incas debieron ofrecer día a día ofrendas consistente en productos agrícolas, objetos suntuarios, sacrificios de camélidos, todo esto para mantenerlo tranquilo, y no entre en erupción.
Hacía el lado occidental de Pucarillo, cruzando el río Huasamayo, se ubican construcciones rectangulares hechas en piedra que posiblemente fueron tambos, ya que por el lugar pasaba el camino que comunicaba el valle de Arequipa con el Altiplano; llama la atención una construcción religiosa moderna, cuya forma en “U”, nos remite la larga tradición de construcciones ceremoniales en dicha forma, su orientación esta dirigida hacía la salida del sol, también se aprecia la cima de Pucarillo de una manera estratégica; en la actualidad por los restos de botellas rotas y restos calcinados cerca de la construcción, era objeto de ritos , donde se realiza pagos a la tierra con actos religiosos católicos.
Hoy en día no podemos disponer de más información (a parte de restos arqueológicos y documentos coloniales tempranos) para poder tener un conocimiento preciso sobre los pueblos que rendían culto al volcán que en la actualidad es objeto de veneración como un Apu, por parte de los pobladores de Chiguata.
A lo antedicho, se agrega las excavaciones arqueológicas realizadas en el cráter del volcán, en donde se encontraron restos de sacrificios humanos, como parte de un sacrificio expiatorio a decir de María Constanza Ceruti (Ceruti 2001:389-391; 2003:40-42).
Se conoce que el Misti hizo erupción hacía el siglo XV, durante el gobierno de Inca Yupanqui (Murua 1946; 1987 [1616]) lo que habría motivado el sacrificio expiatorio que mencionábamos antes, esta erupción es corroborada por el estudio de los estratos terrestres en Arequipa, ya que por debajo de la capa de ceniza blanca, producto de la erupción volcánica del Huaynaputina en 1600, se ubica una capa de ceniza negra que corresponde a la erupción del Misti (Chávez: 1993). Hacía el periodo Colonial disponemos de información sobre las veces en que el Misti entró en actividad, como fueron durante los años de 1677; 1784; 1787 (Travada y córdova 1958 [1752?]:24-33; Zamácola 1958:90; Barriga 1941:7-23).
Ha merecido un estudio muy pormenorizado la actividad volcánica durante el periodo colonial a lo largo y ancho de América, gracias a la documentación generada (Bouysse 1988; Peraldo Huertas y Mora Fernández 1995; Ruiz Guadalajara 2004; Petit-Breuilh Sepúlveda 2004), hacía el periodo prehispánico solo contamos con los diferentes mitos que se conservan sobre los volcanes y excavaciones arqueológicas realizadas en algunos volcanes de México y Centroamérica (Rueda Smithers: 1992; Manzanilla 1997).
Las excavaciones arqueológicas en Pucarillo nos proporcionará información sobre la magnitud del culto que se rendía al Misti, mientras tanto solo nos queda monitorearlo y estar prevenidos, ya que en el Cuarto Congreso Mundial de Vulcanología realizado en Quito en enero del 2006, se informó que el Misti y el Galeras (volcán colombiano) son los volcanes que más riesgo presentan para las poblaciones que se ubican en sus faldas.



BIBLIOGRAFÍA.
- ALBORNOZ, Cristóbal de (1989) [1582], “Instrucción para descubrir todas las huacas del Pirú y sus camayos y haciendas”; en: Fábulas y Mitos de los Incas; C. de Molina; C. de Albornoz; edición de Enrique Urbano y Pierre Duviols; pp. 161-198. Crónicas de América 48, Historia 16, Madrid.
- BARRIGA, Víctor M. (1941), Memorias para la historia de Arequipa 1786-1791, Documentos de los Archivos de Sevilla y Arequipa. Tomo I. Editorial La Colmena, S.A., Arequipa.
- BOUYSSE CASSAGNE, Therese con la colaboración de Philippe Bouysse (1988), Lluvias y Cenizas. Dos Pachacuti en la historia. Hisbol, La Paz.
- CERUTI, María Constanza (2003), Llullaillaco. Sacrificios y ofrendas en un santuario Inca de Alta montaña. Ediciones Universidad Católica de Salta. Universidad Católica de Salta, Instituto de Investigaciones de Alta Montaña, Salta – Argentina.
- __ (2001), “La sacralidad de las montañas en el mundo andino: ensayo de análisis simbólico”; en: El Santuario incaico del Cerro Aconcagua, Juan Shobinger (comp.); pp.379 - 394. EDIUNC, Mendoza.
- CHÁVEZ CHÁVEZ, José Antonio (1993), La erupción del Volcán Misti. Impresiones ZENIT, Arequipa.
- JULIEN, Catherine (2002), “Las huacas pacariscas de Arequipa y el Volcán Misti”; en: Historia 5. Rev. De la Escuela Profesional de Historia, pp. 9-40. UNSA, Arequipa.
- __ (s/f), Identidad y afiliación por suyu en el imperio incaico. Texto proporcionado en el ciclo de conferencias sobre El Condesuyo de los incas realizado en setiembre del 2003. 13pp.
- MANZANILLA, Linda (1997) “Indicadores arqueológicos de Desastres: Mesoamérica, los Andes y otros casos”; en: Historia y Desastres en América Latina, vol. II. Virginia García Acosta (Coordinadora); pp.20-43. LA RED, CIESAS, IT-PERU.
- MURÚA, Fray Martín de (1946), Historia del origen, genealogía real de los Reyes Incas del Perú. Introducción, notas, arreglos por Constantino - 6 - Bayle, S.J. Madrid.
- __(1987)[1616], Historia general del Perú. Crónicas de América 35, editado por Manuel Ballesteros. Historia 16, Madrid.
- PERALDO HUERTAS, Giovanni y Mauricio MORA FERNÁNDEZ (1995), “Las erupciones volcánicas como condicionantes sociales: casos específicos de América Central”; en: Anuario de Estudios Centroamericanos, núm. 21 (1-2); pp. 83-110. Universidad de Costa Rica, Costa Rica.
- PETIT-BREUILHSEPÚLVEDA, María E. (2004), La historia eruptiva de los volcanes hispanoamericanos (siglos XVI al XX). Casa de Los Volcanes, Huelva – España.
- RUIZ GUADALAJARA, Juan Carlos (2004) “Para confusión de pecadores. Dos testimonios en torno al nacimiento del volcán Jorullo, y su impacto en la religiosidad de Pátzcuaro, 1759-1763”; en: Relaciones, núm. 97, vol. XXV; pp. 145-176. El Colegio de Michoacán , México.
- RUEDA SMITHERS, Salvador (1992), “Popocatépetl e Iztaccihuatl. El eje del mundo prehispánico”; en: Los Volcanes, símbolo de México, Manuel Zavala y Alonso (editor). http://www.arts-history.ms/volcan/popoiz.html
- TRAVADA y CÓRDOVA, Ventura (1958) [1752?], El suelo de Arequipa convertido en cielo. I Festival del Libro Arequipeño, Arequipa.
- ZAMÁCOLA y JÁUREGUI, Juan Domingo (1958), Apuntes para la historia de Arequipa. I Festival del Libro Arequipeño, Arequipa.




* El presente trabajo es fruto de las ideas vertidas por el Dr. Félix Palacios Ríos, en su curso de Historia Andina de la Segunda Especialidad en Historia y Espacio Regional.

sábado, 10 de enero de 2009

No nos hablen de historia, somos economistas

Por Humberto Campodónico.
Ese es el título de un artículo del 2001 del reputado economista holandés-inglés Mark Blaug, constatando que cada vez se enseñaba menos el curso de Historia del Pensamiento Económico en las universidades anglosajonas.
Blaug estaba en desacuerdo, pues decía que “hay que entender el pasado desde el punto de vista del pasado. No se puede entender una idea o una teoría económica (o de cualquier ciencia) si no se sabe de dónde vino y cómo se relacionó y evolucionó con respecto a las ideas de su tiempo. Las teorías son producto de la historia. Sin historia económica, las teorías económicas como que caen del cielo. Se tiene que creer en ellas por un puro acto de fe” (*).
Este abandono es consecuencia de la creciente influencia del neoliberalismo, que plantea que la economía es una ciencia exacta, con leyes propias que pueden ser aplicadas en cualquier país, momento y situación. Si bien sus orígenes se remontan a la teoría subjetiva del valor y a la teoría del equilibrio general de fines del siglo XIX, siempre tuvieron que competir con otras corrientes económicas.
Pero después del derrumbe del “socialismo soviético” en 1990, su hegemonía fue casi total. Proclamaron la vigencia absoluta del libre mercado y de la oferta y la demanda. La caída de la ex URSS se convirtió en la prueba irrefutable de que “no hay otra alternativa” (conocida en inglés como TINA, There Is No Alternative).
Hoy, en medio del desastre financiero y económico mundial, se constata que las premisas del neoliberalismo eran puras falacias. No es cierto que es buena la liberalización y desregulación total de los mercados –comenzando por el financiero– porque “los mercados se autorregulan”. No es cierto, tampoco, que el “egoísmo económico” lleva a una sociedad igualitaria a través de la “mano invisible” del mercado.
Fracasada la borrachera neoliberal –pero con todos los efectos de la resaca aún encima– comienza el cuestionamiento al “pensamiento único” de los nuevos ayatollahs. Los discursos del presidente francés Sarkozy claman por una efectiva regulación estatal y Obama prepara un paquete estatal de estímulo tipo “New Deal” de Roosevelt, basado sobre todo en inversión pública, por un monto de US$ 750,000 millones (que ya ha sido considerado insuficiente por el Premio Nobel Paul Krugman).
Para tratar de entender lo que no explica el neoliberalismo a-histórico, los alemanes compran en masa los escritos del “joven Marx”, mientras que en EEUU “sale caliente” el Tratado General de Keynes de 1936 y se leen los escritos de Schumpeter y Wallerstein sobre las “ondas largas” del capitalismo.
En los periódicos y los blogs los economistas analizan ahora la gran crisis de 1880 y la de 1929 para tratar de entender las similitudes y diferencias con la actual, al mismo tiempo que desmenuzan las políticas adoptadas por los gobiernos en la época. Algunos afirman, ojo, que la verdadera salida de la Gran Depresión solo se produjo con… la Segunda Guerra Mundial.
El quid del asunto es que la economía no es una ciencia exacta, como la matemática, la química y la física (incluso esta aseveración es hoy cuestionada) sino una ciencia social. Tiene, claro está, un cuerpo de axiomas y premisas que se expresan en teoremas, ecuaciones y regresiones, lo que permite efectuar diagnósticos y aplicar políticas. Pero no existe “una” sola teoría económica, pues varias escuelas coexisten. El diálogo y la crítica debieran nutrir los diferentes enfoques y perspectivas.
El actual contexto seguramente alegrará a Mark Blaug porque se revalora el rol de la historia en la teoría económica y el carácter de ciencia social de la economía. Quizá dentro de poco nos contará que numerosos alumnos se matriculan en su curso de Historia de las Ideas Económicas porque quieren entender lo que está pasando, ya que solo les enseñaron que el “libre mercado”, a secas, arreglaba todos los problemas. Su nuevo artículo podría llamarse: “Háblennos de historia, por favor, somos economistas”.
(*) Mark Blaug, “Nada de historia de las ideas, por favor, somos economistas” en Journal of Economic Perspectives, Vol. 15, 2001.
Publicado en La República 10/01/2009